EL
ABANDONO
Una tarde desafortunada, a orillas del Río Bravo de los
Yaquis, no sé en qué condiciones ni por quiénes, fui abandonada siendo niña.
Nunca supe los motivos ni culpo a nadie, si fueron mis padres tendrían sus
razones, para dejar en ese lugar a un ser inocente e indefenso. Gracias a Dios,
José Luis Gómez me acogió en sus brazos y desde ese día, luego de veinte años
reconozco que lo amo, por haberme dado su cariño y protección.
Desde entonces pertenezco al pueblo de los Yaquis, de
gente humilde, alegre y emprendedora. Pues uno de ellos es mi padre, que
siempre lucha por darme lo mejor, no son muchos los valores materiales, pero sí
los valores que sembró en mi corazón. Mi viejo querido ha sufrido demasiado
desde que perdió a su mujer; María Elicia. Ella falleció en un accidente de
tránsito en las quebradas de la Maldición, que así las bautizó, desesperado
desde aquella tragedia.
Matilde, mi nana querida, tierna mujer que me crió desde
pequeña, siempre alegre y optimista con el consejo oportuno y palabras
cariñosas. No le importaba la hora ni cuánto yo necesitaba, siempre estuvo a mi
lado, por eso nunca la abandonaré, ni tampoco a mi viejito entrañable.
Cierto día, en una de esas largas charlas con Matilde, al
tiempo que bebíamos aguas aromáticas y frescas, ella cariñosamente me dijo:
─ Beatriz tú tienes el carácter de los Gómez, puedes ser
de familia humilde, pero recuerda quien es tu padre, sé cómo José Luis, nunca
te rindas.
─ Gracias nana, le respondí, la quiero también y sus
consejos lo tendré presente en mi corazón hasta el último día de mi vida.
─ Si, Beatriz, pero como el tiempo pasa de prisa debes
pensar ya en tí. Mírate, estás toda una mujer y mi más grande anhelo es verte
feliz y segura, casada con Gabriel Mendieta, es un joven tranquilo, y estoy
segura de que él te ama.
─ Si, querida nana le respondí, para calmarla, mi padre
también lo quiere como a un hijo.
Sin embargo, en mi mente torturada cruzaban las ideas
tristes, Matilde no supo que conocí a Gabriel Mendieta, pero ese amor se
terminó, porque la vida no puede sostener, lo que no puede durar un corazón. A
Gabriel lo asesinaron.
¡Oh Gabriel! pude contener las lágrimas, pero nunca lo
podré alejar de mis pensamientos, como tampoco olvidaré al culpable, Juan Ruiz
Maldonado, el chico rico del pueblo, que regresó de Estados Unidos con sus
padres, a vivir en los Yaquis, para disfrutar tranquilos de su fortuna.
Me hizo saber que sentía algo bonito por mí, desde antes
de viajar a estudiar en el exterior y al darse cuenta que no lo podía
corresponder, porque mi corazón ya pertenecía a Gabriel, simplemente lo mató, matando
también mis ilusiones de ser feliz. Es
un miserable, lo hizo porque yo no puedo amarlo, se enteró que Gabriel era mi
prometido...
Nunca pude sentir algo por él, prefiero a la gente
auténtica y honorable, se lo dije, por lo que considero que es la única razón
de su odio. Me lo encontré en el centro del pueblo, a pesar de mi indiferencia,
me invitó a salir, el descarado, diciéndome al oído, palabras que son de total
desagrado.
─ Beatriz estás hermosa, te amo. Tú los sabes que es así,
desde que te conozco y no puedo soportar tu desprecio. Quiero tener una
oportunidad, solo una, podemos salir juntos y platicar.
─ Le dije. ¡Oh no! ¿Cómo podría aceptarte?
─Tú eres el culpable del fallecimiento de mi amado
Gabriel.
─ ¡Oh quizás no te acuerdas!
─ Gabriel murió por tú culpa, tú lo mataste.
─ ¿Qué dices Beatriz?
─ Tú, estás loca, no es así.
─ Sí, es así Juan. Todo fue en aquella bronca; entre
pandillas comandadas por tí. Él todo poderoso, Juan Ruiz Maldonado, el niño
presumido y arrogante.
─ Eres un demente.
Juan buscó a Gabriel aquella noche. Juan le brindó su amistad a propósito, sin
condiciones, pues lo tenía todo planeado. Logró engañarlo para concluir con su plan
malicioso. Gabriel fue asesinado por los delincuentes de este barrio, pagados
por Juan, lo mataron a golpes. Malherido lo trasladaron al hospital pero de
nada sirvió: sus heridas fueron graves.
─ Juan, ustedes lo atacaron aprovechándose del estado
etílico en que lo pusieron, no se apiadaron y sin pena ni lástima, acabaron con
su vida.
─ Si, Beatriz yo soy el culpable de la muerte de Gabriel
y no solo de él sino de muchos más. Y si quieres que me sincere, aquel paro cardíaco
de tu nana, no fue tal jajajajajajaja… A esa anciana, yo la mandé a envenenar. Nadie
se va a oponer entre tú y yo. Así que vete
preparando, sino me aceptas, la siguiente víctima será tu padre José Luis.
Mi alma se colapsa, el corazón da uno y varios vuelcos
dentro de mi pecho, es que mi padre José Luis me pide insistentemente que me
aleje del pueblo, pero huir es de cobardes. Yo jamás me rendiré ni tampoco
permitiré que Juan Ruiz Maldonado haga daño a mis seres queridos.
Muchas ideas cruzan por mi mente...
¿Qué debo hacer?
¡Oh Dios!, si los valores de mi padre y la paciencia mía,
han sido opacados por Juan Ruiz Maldonado. Él ha sido el causante de nuestras
vidas torturadas, nos ha quitado la paz, la tranquilidad, las alegrías. La vida
se consume cada día y al pensarlo me doy más valor. Necesito ser fuerte para
luchar contra el viento y la marea. Contra la maldad, la injusticia, contra lo
cruel e infernal.
Los días han pasado, mi padre ya está aún más mayor, mi
nana ha sido asesinada. El odio me recuerda que el tiempo no se detiene como
tampoco los propósitos de Juan
¡Quiero acabarlo!
¿Qué debo hacer?
Me pregunto, mil veces a mí misma.
¡Oh Dios mío, ayúdame!
Todo parece tan tranquilo, la gente pasa tan normal. Yo
sigo pensando en un plan, como acabar con tantos problemas. Me enfrentaré con
la desventura, hablaré con Juan.
¡He decidido acabar con la crueldad!
No es fácil fingir amistad, cuando una braza de odio me
traspasa el corazón, pero lo haré en memoria de mi Gabriel y de la bendita
nana.
Al fin ni sé qué clase de sangre corre por mis venas, a
lo mejor mis verdaderos padres son de lo peor...
─ Juan quiero decirte que he reflexionado mucho. Pienso
en ti, quiero ser tuya esta noche.
─ Beatriz no sabes cómo he esperado con tantas ansias que
tú me dijeras esto.
─ Me invitas a salir Juan.
─ Te prometo que la pasaremos genial. Quiero que nos
demos una oportunidad.
Nos fuimos al hotel más cercano, mis planes han salido a
la perfección, después de una noche de romance fingido, cuando en cada abrazo
quería explotar y con cada beso vomitar….acerté con mi plan. Juan se está
duchando, es hora de terminar con todo esto.
Tengo el Arsénico, le pondré en la copa de vino.
─ Juan, quiero brindar contigo, por qué este comienzo sea
lo que deseas para nosotros.
─ Brindemos Beatriz, salud.
─ Me siento raro, tengo mareos, qué le pusiste al vino.
– ¡Te di Arsénico!
─ ¿Sabes qué es eso, verdad?
─ Pronto tu corazón dejara de latir.
– ¡Maldita!, ¡maldita!, ¡no quiero morir!
─ Pues debía existir la justicia y yo me encargué de
hacerlo, con mis propias manos, espero disfrutes pronto en el infierno.
Juan ha muerto, yo he decidido alejarme de este pueblo
con mi padre, nos iremos en busca de una nueva vida, nos iremos lejos de los
malos recuerdos que fueron tormentosos.
Comentarios
Publicar un comentario